
HOMILÍA PRONUNCIADA
EN LA CELEBRACIÓN
DE DOMINGO DE
RAMOS
CATEDRAL PRIMADA
DE AMÉRICA
05 ABRIL DEL 2020
Queridos sacerdotes aquí presentes, religiosas, laicos y sobre todo ustedes que siguen esta
celebración a través de los medios disponibles (tenemos que darle gracias a
Dios por estos medios que nos dan esta facilidad de participar virtualmente de
esta celebración de Domingo de Ramos, en la Pasión del Señor). Con esta celebración
iniciamos la Semana Santa, la semana mayor, la semana donde conmemoramos la Pasión, Muerte
y Resurrección del Señor.
La celebración de hoy (de este domingo) Domingo de Ramos, en la Pasión
del Señor, tiene dos partes muy distintas: la primera parte, es la entrada
triunfal de Jesús en Jerusalén y después, la segunda parte, es la celebración
de la pasión, que vimos en la lectura del evangelio; pero la primera lectura
nos habla también de esa pasión del siervo de Yahvé, del siervo sufriente de
Yahvé, y en la segunda lectura el apóstol Pablo nos habla de ese Dios que
sufre, Dios que es Grande, Todopoderoso pero que se humilla, que se hace nada… y, justamente,
nuestra reflexión hoy quiero encaminarla
hacia contemplar estas dos realidades, dos realidades que se dan en el mundo;
dos realidades que vivimos nosotros como seres humanos y también como
cristianos.
La primera realidad, es la
realidad de los aplausos, la realidad que vivimos en toda la sociedad
nuestra, que nos gusta el reconocimiento;
que nos gusta diríamos el figureo; que nos gustan los aplausos…Es una realidad
muy metida y muy vivida en todas partes: en la sociedad, en el país, también en
la iglesia tenemos esa realidad… mucha gente que le gusta el poder, que le
gusta el reconocimiento, que le gusta los aplausos y el populismo, es una
realidad. La otra realidad, es lo que Cristo nos enseña en el evangelio y que San Pablo nos expresa tan bonito: ‘
Cristo siendo Dios, se hizo hombre”. Cristo, que siendo Todopoderoso se hizo
nada, el apóstol habla de la kenosis,
que es la humillación hasta el extremo, es el hacerse nada… Ese Cristo,
que siendo Grande se hizo pequeño… el anonadamiento. El, se hizo nada. Y es que Cristo, pasando como uno de tantos,
pero dice el apóstol que “Dios lo levantó,
y le dio el nombre sobre todo nombre, de modo que a nombre de cristo toda rodilla se
doble en el cielo y en la tierra y toda lengua proclame que Jesús es el Señor”.
Esta es la Realidad que nos
enseña la segunda parte de esta celebración y nosotros como cristianos tenemos
que ver cuál de los dos polos… Vivimos entre esos dos polos: el polo de los aplausos, los reconocimientos
y el poder material y el polo de la vida cristiana, que ha de ser semejante a
Cristo que pasa por la humillación para llegar al triunfo, para llegar a la Resurrección.
Sin duda que en esto como nos habla el Papa Benedicto y el Papa
Francisco está la parte humana, la parte
del mundo, el mundo que va por un lado y
los creyentes que deben ir por otro lado. El Papa habla de esos creyentes que
deben seguir a Cristo, que deben imitar a Cristo sufriente, a Cristo humilde, el Papa habla de la mundanización, cuando nos
acercamos más al primer polo nos alejamos más del polo de Cristo, del polo de la
vida cristiana.
Nosotros tenemos que imitar a Cristo, en este sentido debemos bajarnos a buscar, asemejarnos
a él… ¿cómo lo vamos a hacer? Jesucristo
nos invita a nosotros a ser siervos, a
servir, a servir a nuestros hermanos,
vivir nuestra vida como servicio no cómo poder, no como homenaje y cosas… vivir
nuestra vida como servicio, esto nos
pide el señor y de esa manera nos vamos a ser mejor al siervo sufriente a el servidor, a el humilde; es bueno reconocer queridos hermanos, tantos
hombres y mujeres que están sirviendo ahora en esta situación de esta pandemia,
médicos, enfermeras, servidores que están dando todo y arriesgando su vida, porque
corren el riesgo también de ser contagiados… eso es servicio, eso es lo que quiere Cristo y así es que nos
asemejamos a él, que seamos imitadores
de él que se humilló se hizo siervo por amor a los demás, por amor a esta
humanidad él nos invita a seguirle de esta manera siendo servidores, que los
aplausos los dejemos a un lado, que no
busquemos los aplausos, que sí busquemos
servir a Cristo en los hermanos.
Ave María Purísima…
+ MONS. FRANCISCO
OZORIA ACOSTA
Arzobispo Metropolitano de
Santo Domingo
Primado de América