
March 1, 2019
Más que oraciones de memoria, más que dejar de
comer carne los viernes, más que calmar la conciencia dándole de comer a algún
indigente; la Cuaresma es, como dijo el Papa Francisco el Miércoles de Ceniza
de 2018, una ocasión “para afinar los acordes disonantes de nuestra vida
cristiana y recibir la siempre nueva, alegre y esperanzadora noticia de la
Pascua del Señor”.
El ayuno, la oración y la limosna son más de lo que
crees y por ello, ofrecemos algunas recomendaciones para vivir estar tres
prácticas de modo que hagan de la Cuaresma, un tiempo en el cual el cristiano
pueda “prestarle especial atención a todo aquello que pueda enfriar y oxidar
nuestro corazón creyente”, como dijo el Papa.
¿Es posible orar en el siglo XXI?
Aunque los católicos estamos llamados a orar todo
el año, la Cuaresma es un tiempo privilegiado para intensificar esta práctica y
ganar en amistad con el Señor. El alma humana siempre estará sedienta de Dios
por más que en el bullicioso mundo moderno existan mil estrategias para sofocar
su voz.
Es muy recomendable, en este tiempo, que nos
focalicemos en oraciones como el rezo del Vía Crucis y
contemplando cada una de las 14 estaciones (por ejemplo, durante los viernes de
Cuaresma) o meditando en algunas lecturas que hacen énfasis en los sacrificios
que hizo Cristo antes de su pasión, muerte y resurrección. Otro hábito es
visitar el Santísimo Sacramento con frecuencia en una iglesia o capilla
cercana. Es un espacio muy rico para dialogar con Jesús de tú a tú y hacer
silencio para dejar que Él hable al corazón. Los fieles pueden buscar si su
parroquia tiene horarios fijos de exposición al Santísimo o si hay alguna
capilla de adoración perpetua.
Otra práctica recomendable es meditar sobre las
lecturas de la misa. El evangelio dominical durante este tiempo hace un énfasis
en la penitencia y en la vida eterna. Así los fieles escucharán los pasajes
bíblicos de las tentaciones que Jesús sufrió cuando estuvo en el desierto
ayunando 40 días, la Transfiguración ante los apóstoles en el monte Tabor, la
parábola de la higuera sin fruto, la parábola del hijo pródigo, y el encuentro
de Jesús con la mujer adúltera. Es muy recomendable, antes de la misa
dominical, hacer una breve meditación sobre estas lecturas.
Si bien en este tiempo existen muchas distracciones
para la oración y el recogimiento, también existen, como nunca antes, recursos
que ofrece la tecnología para crecer en la vida de oración. Por ejemplo, la
página http://evangeliodominical.org ofrece
las lecturas y reflexiones sobre el evangelio del domingo. También algunas
aplicaciones como IBreviary, en la que aparecen las oraciones
y lecturas diarias, o Rezandovoy, la cual ofrece un audio en
español de aproximadamente 12 minutos sobre las lecturas del día. Ideal para un
viaje corto en auto o una caminata.
Ayuno y abstinencia no solo de
comida
La Iglesia Universal dispone que durante los
viernes de Cuaresma los católicos mayores de 14 años nos abstengamos de comer
carne los viernes, día en que se conmemora la muerte de Cristo. Con el mismo
espíritu, el católico debe hacer ayuno también los días Miércoles de Ceniza y
Viernes Santo. El ayuno consiste en comer solo una comida fuerte al día y las
otras dos comidas, comer un pan acompañado con agua o una infusión. Estas
prácticas no son un cambio de menú. Son, más bien, un pequeño sacrificio que
nos permite ganar un poco más en la virtud de la templanza y ser más
resistentes a los pecados de la carne. A unirnos como hermanos en Cristo y
recordar en este tiempo litúrgico los muchos sacrificios y mortificaciones que
padeció Jesús los 40 días que estuvo en el desierto.
Para muchos, abstenerse de comer carne los viernes
de Cuaresma puede no significar ningún sacrificio, pues simplemente la
reemplazan por un pescado bien condimentado o una rica comida vegetariana. El
ayuno tampoco es una dieta en la que nos privamos de ciertas comidas para estar
más saludable o tener un cuerpo en forma. Es muy fácil caer en la actitud de
los fariseos de observar muy bien una regla, pero no tener una disposición
interior. Recordemos, como dijo San Juan de la Cruz: “Al atardecer seréis
examinados en el amor”. Por ello, es recomendable también hacer un sacrificio
personal como dejar de comer postres o chocolates. También puede ser “ayunar de
Facebook” o del uso excesivo de los dispositivos eléctricos. ¿Y si ayunamos del
chisme? Como lo dijo San Juan Crisóstomo: “Ayunar de no decir nada que haga mal
a otro. Pues ¿de qué te sirve no comer carne si devoras a tu hermano?”.
La alegría de dar a los demás
La limosna nos ayuda proteger nuestra alma de la
seducción de las riquezas y a no idolatrarlas, pues como nos dijo el mismo
Jesús: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13). Nos recuerda que no
somos propietarios sino administradores de los bienes que se nos han dado y a
la vez, nos abre la conciencia sobre tantos hermanos necesitados. De la misma
manera en que Dios nos regala gracias y dones de manera gratuita, Él mismo nos
llama a entregar gratis nuestro tiempo, talentos y recursos con quienes más lo
necesitan.
Jesús nos invita a realizar la limosna en secreto.
Este es el mensaje del evangelio que se lee el Miércoles de Ceniza: “Que no
sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha” (Mt. 6, 3) pues “Dios, quien ve
en lo secreto, te lo recompensará” (Mt. 6, 6). El fin de dar limosna no
debe ser el ser vistos por los demás. En ese caso la virtud de la generosidad
puede opacarse con el vicio de la vanidad. Nuestra motivación debe ser pues, el
hecho de compartir, desprendernos y de vivir el amor. De recordar que “hay
mayor felicidad en dar que en recibir” (Hch 20,35). De “tocar la carne de
Cristo” en nuestro hermano necesitado, como diría el Papa Francisco. Pero ¿qué
sucede si no tengo suficientes recursos para dar a los demás? Recordemos la
parábola de la viuda pobre: Aquella mujer anciana que dio en una ofrenda sus
pocas monedas y “todo lo que tenía para vivir” (Mc 12,44). Nos enseña a dar
desde nuestra pobreza. Con esta práctica podemos hacer vida la frase de San
León Magno: “El que distribuye limosnas lo haga con despreocupación y alegría
ya que, cuanto menos se reserve para sí, mayor será la ganancia que obtendrá”.
En Colorado hay muchos lugares donde se puede
ayudar al más necesitado: Caridades Católicas o Chirst in the City,
que asisten a las personas de la calle. También se puede ser voluntario en
Centro San Juan Diego ayudando en la capacitación de los inmigrantes en
diferentes temas como preparación de impuestos, clases de computación o inglés.
Las mismas parroquias pueden ser lugares donde se viva la solidaridad, por
ejemplo, con los inmigrantes recién llegados o con aquellos que estén pasando
por alguna situación de pobreza o dificultad.
La oración, el ayuno y la limosna son tres
prácticas que se complementan para hacer que la Cuaresma sea más de lo que
crees, pues como dijo San Agustín: “Para que nuestras oraciones puedan más
fácilmente tomar su vuelo y llegar hasta Dios, es preciso darles el doble
ceremonial de la limosna y el ayuno”.