Hoy iniciamos el módulo número tres de nuestro Taller Canto Litúrgico de las Misas, en cual veremos los cantos uno por uno con los detalles y criterios que debemos tener presente al momento de seleccionar los cantos para las misas.
Este es el punto más esperado de todo el taller porque se ven cada canto de manera separada con los aspectos más relevantes de los mismos. Siguiendo el mismo órden que llevan dentro de la misa iniciamos hoy con el Canto de Entrada. Espero lo disfruten.
La música y las palabras crean el ambiente espiritual propicio que ayuda a
los participantes a entrar en comunión con el misterio del tiempo, del día o de
la fiesta que se celebra es por esto que el canto de entrada debe hacer
referencia a - la búsqueda de Dios a través de la Iglesia, - el amor de Dios
que nos elige, nos convoca, y nos reúne - el significado de la “cena del
Señor”, - un aspecto de la salvación según el tiempo litúrgico correspondiente.
El ritmo de “marcha”, en tonos
mayores es muy propicio para este canto de inicio, lo ideal sería un cántico
basado en la antífona de entrada; obviamente, el hecho de que esta cambie cada semana,
dificulta tal intención pero siempre hay que tomar en cuenta que vayan acorde
al tiempo litúrgico en el que nos encontremos.
El canto de
entrada es la primera expresión de fe, de la unidad, del sentido de la
celebración y de la alegría de hermanos que se encuentran entre ellos y con su
Padre Dios. Este canto acompaña la
apertura de la celebración.
Es un
cántico procesional, gozoso, que da inicio a la celebración acompañando el ingreso en procesión del sacerdote que
preside y de los demás ministros y acólitos. Su función principal es
integrarnos como grupo y con la iglesia peregrina preparándonos para el resto
de la celebración.
Es importante
que este canto se encarne en la cultura y la situación de la comunidad ya que convida a la asamblea a entrar en la
acción común y la dispone a la alabanza.
El canto de entrada nos ayuda:
• A constituir la asamblea (pasar del yo al
nosotros) integrándonos con la Iglesia, pueblo de Dios en marcha.
• A ubicarnos en el tiempo litúrgico (usar cantos
propios de cada tiempo).
• A tener presente el acontecimiento (misterio)
que celebramos.
• A expresar las situaciones concretas que
atraviesa la comunidad.
• La gente debe saber bien el canto de entrada, de
lo contrario en vez de ayudar a formar la asamblea, la desinfla.
• El cántico de entrada es para invitar a la gente
a entrar al templo.
• Por lo regular es una marcha de carácter alegre
y festivo (salvo en cuaresma).
• En cuaresma no debe ser triste sino que invite a
la reflexión.
• La letra debe hacer referencia a la búsqueda de Dios a través de la Iglesia, el amor de Dios que nos elige, nos convoca y nos
reúne, el significado de la “Cena del Señor”. Además a un aspecto de la salvación según el tiempo
litúrgico correspondiente.
El canto inicia desde antes de que el padre salga de la
sacristía o antes de que comience la procesión en la entrada del templo. No debe tener tal acumulación de cantos que le dé una duración desproporcionada,
no se debe alargar innecesariamente
después que el sacerdote haya llegado a la sede. El cántico debe terminar tan
pronto el Sacerdote esté listo para iniciar la celebración.
Criterios para la selección
del canto de entrada:
El canto de entrada debe facilitar
la participación de todo el pueblo ya que no es un canto sólo del coro que es
escuchado por la asamblea, es decir, debe ser un canto que sepa a comunidad y
en caso de no saberlo es deber del coro invitar a participar a toda la asamblea
con el canto y enseñarlo al pueblo.
El canto debe manifestar la
alegría del encuentro de un pueblo reunido para celebrar a su Señor pero debe tener relación con el tiempo litúrgico o la
fiesta que se celebra, porque sea de entrada e invitación, no necesariamente
debe ser festivo, más bien debe ir acorde al tiempo en que nos encontremos.

Es importante que los cantos no
lleven palabras como sal, sino más bien de entrada, invitación a la
congregación y debe tener el toque de ritmo que se distinga en la comunidad,
con sus instrumentos según cada pueblo, siempre que el tiempo lo permita y
amerite.