El salmo es una conversación
musical entre el hombre y Dios. El/la salmista interpreta esta
conversación. La canción puede venir de Dios hacia el hombre o viceversa. El
rey David fue un salmista por excelencia y lo comprobamos en el libro de los
Salmos en la Biblia.

El ministerio primordial del/la salmista es el canto de adoración y alabanzas, pero va mucho más allá ya que es
él quien crea la atmósfera propicia para el mover del Espíritu Santo.
Un/a salmista profetiza en canto,
escucha música en su espíritu, la cual expresa mediante su instrumento musical;
otras veces el Espíritu Santo le dirige a crear una atmósfera para sanidad o
liberación.
El/la salmista debe ser sensible
a la voz del Espíritu Santo. Debe ser humilde, poniendo en primer lugar la
palabra de Dios que transmite. Su voz, por más privilegiada que sea debe estar
en un segundo plano, al igual que la melodía.
Música y profetiza en canto porque tiene un don de Dios que lo pone al
servicio de los hermanos.
La vida espiritual del/la salmista debe estar en constante comunión con
Dios. Esta es la única forma en que se puede ministrar el corazón del Señor en adoración,
para recibir profecía.
• Cantar el Salmo responsorial.
• Conocer el salterio.
• Tener seguridad al cantar.
• Aprender el arte del salmo, música catecúmena y
demás versiones.
• El/la salmista debe formar parte del coro y de la
comunidad.
• Al igual que el coro debe vivir y celebrar la
eucaristía.
• Debe cantar el salmo no desde el coro sino desde
el ambón, recordando que es palabra cantada que está proclamando con música.
• Es su responsabilidad ensayar adecuadamente los
santos y tener la capacidad de entonar aquellos aun sin conocerlos.