Taller Cantos Litúrgicos de las misas: 36. Los Cantos 17: Comunión

El canto de comunión ayuda a vivir en el ambiente festivo, reflexivo y fraterno el momento cumbre de la eucaristía. Invita a reflexionar sobre el momento que se acaba de vivir. Expresa la unidad de quienes se acercan al mismo altar y el gozo de participar en el anticipo del banquete del Reinado de Dios.

Pueden aludir a la comunión misma o a los motivos particulares de la eucaristía que se celebra o del tiempo litúrgico que se está viviendo.

La comunión, sobre todo en misas diarias, puede ser un momento acompañado sólo de música instrumental para acompañar la comunión de la asamblea.

No es adecuado usar cantos demasiado movidos o con aplausos. Aquí se interpreta un canto propio que ayude a meditar el momento esperado por todos, cuando Cristo viene a cada uno en el Pan y el Vino consagrados. Muchos aprovechan para orar después de comulgar, otros más que no pueden comulgar el Pan y el Vino consagrados hacen una comunión espiritual, por lo mismo el coro debería de entonar cantos propios que ayuden a este momento de reflexión y oración.

Preferiblemente debe ser un canto meditativo, tranquilo, durante el rito de comunión y después de este. Ayuda a dar valor a ese momento y a la oración personal que despierta el encuentro con Jesús. Hay que manifestar alegría por el encuentro con Cristo, pero un canto de alegría y movimiento le quita el momento místico.

Según El Misal Romano

El canto de comunión es el que cuenta con el mayor número de composiciones. Deben caracterizarse en su letra por subrayar al menos dos aspectos: - el profundo misterio de la Eucaristía, con su hondo significado espiritual, y naturalmente - el espíritu de hermandad, solidaridad y compromiso de los cristianos congregados en tal celebración.

Debe ser un canto Cristocéntrico, es decir que hablen de Cristo, de su cuerpo y sangre.

El canto puede iniciarse cuando el sacerdote comulga cuidándose siempre su prolongación solo debe continuar hasta que termine el último de los fieles. No debe privar a la asamblea de momentos especiales de silencio, meditación y recogimiento después de que haya comulgado.

Cuando se ha terminado la distribución de la comunión, el Sacerdote y los fieles pueden orar en silencio, o si se prefiere, se puede cantar, siempre y cuando sea una participación de toda la Asamblea.

La mayoría de los cantos a utilizar en esta etapa son alabanzas, cuidando que estas sean cantos comunitarios y hablen en plural en la composición. No necesariamente debe ser una compasión del tema central de las lecturas. Debe expresar la alegría del corazón que va a recibir a Cristo, la relación tan grande y tan íntima con el Señor, la relación de unidad de todos los que comen juntos el mismo Pan.

Es importante que el Ministerio debe participar no sólo en sus labores propias de su ministerio, sino que, como parte de la Asamblea, debe participar de la Sagrada Comunión.

Criterios

Debe iniciar cuando comulga el sacerdote y se prolonga mientras comulgan los fieles, hasta el momento que parezca oportuno.

Debe dar oportunidad a un espacio de silencio y reflexión.

Debe expresar, por la unión de voces, la unión espiritual de quienes comulgan, demostrar la alegría del corazón y hacer más fraternalmente la procesión de los que van avanzando para recibir el Cuerpo de Cristo.

El contenido del canto ha de ser propiamente “eucarístico”.

Respetar el momento, no haciendo cantos de animación.

Debe ser procesional y resaltar el sentido de comunidad.

Puede recodar el tema del Evangelio o el tiempo litúrgico. Pero no es obligatorio.

La gente debe sabérselo bien.

Debe durar todo lo que dure la procesión, y no extenderse más allá.
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