El uso del Amén!



En estos tiempos donde las redes marcan tendencia vemos muy a menudo las imágenes con mensajes, que si bien es cierto llevan un mensaje de amor y de aliento en ocasiones, se está empleando incorrectamente por el simple modismo sin ver el verdadero significado y trascendencia de la palabra Amé

Les dejo este material, espero que sirva para que nos instruyamos y aprendamos a valorar el poder de las palabras. 

Aunque es usado con frecuencia, poca gente sabe el significado de la palabra. La palabra no fue traducida del hebreo AMAN ni el griego AMEN.

En el idioma hebreo AMAN es usada como una partícula (nombre genérico que se aplica a las partes invariables de la oración) ambos de afirmación (aserto, declaración solemne) y de asentimiento (aprobación). Por eso usando la palabra afirma (asegura, sostiene) lo que es dicho y dar aprobación a lo que ha sido oído.

Hay tres clases de uso de la palabra AMÁN o AMÉN en las Escrituras:

1. El uso sustitutivo. A veces AMÁN es usado en lugar de un nombre (gramático) como en 2 Samuel 20:19, donde AMÁN es traducido «fiel». Es igual en Salmo 12:1; 31:23; Daniel 6:4 etc.

2. El uso afirmativo como en el principio de una verdad tremenda y la palabra AMÉN es traducida «de cierto», vea Mateo 5:18, 26; 6:2, 5, 16, etc.

3. Luego hay el uso optativo (que pende de opción o la admite; que expresa necesidad o deseo) y es traducida «así sea» como en Deuteronomio 27:15; 1 Reyes 1:36; 1 Crónicas 16:36; Nehemías 5:13; 8:6; Salmo 41:13; 72:19; 89:52 etc.

Antes de gritar «amén» hay que pensar en que forma está usando la palabra.

Según la Enciclopedia Católica On Line

La palabra Amén es una de las pocas palabras hebreas que ha sido importada sin cambios a la liturgia de la Iglesia, propter sanctiorem como expresa San Agustín, en virtud de un ejemplo excepcionalmente sagrado. “Tan frecuente fue esta palabra hebrea en la boca de Nuestro Salvador” observa el Catecismo del Concilio de Trento “que le plugo al Espíritu Santo perpetuarla en la Iglesia de Dios”. Como cuestión de hecho San Mateo la atribuye veintiocho veces a Nuestro Señor, y San Juan en su doble forma veintiséis veces. En lo que se refiere a la etimología, Amén es un derivado del verbo hebreo aman “reforzar” o “confirmar”.
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