Taller Cantos Litúrgicos de las misas: 26. Los Cantos 7: Interleccionales 1: Salmo

La palabra Salmo viene del hebreo y significa alabanza. Se le llama responsorial porque es una respuesta de la Asamblea a la Palabra utilizando las mismas palabras inspiradas por Dios.

Este es el canto que centra la Liturgia de la Palabra ya que es parte de las “lecturas” de la misa por lo que es bueno no cambiarlo por otro canto, lo que se recomienda es que los coros aprendan a cantarlo y a hallarle música.

El salmo está destinado a ser cantado por esto, la iglesia recomienda que se procure cantarlo siempre (al menos la antífona) y debe ser cantada tanto por coro como por toda la asamblea. Si no se cuenta con un salmo musicalizado, se pueden leer las estrofas y cantar una antífona adecuada.

Los salmos son una respuesta a Dios que se ha manifestado por medio de su palabra. Este canto está íntimamente relacionado con la primera lectura ya que hace "eco" y prolonga el clima creado que dicha lectura ha creado. Su antífona contiene el núcleo del Salmo.

No puede sustituirse por ningún otro canto porque es Palabra de Dios, a lo sumo puede cantarse otro salmo similar (si no se conoce el que corresponde).

En el coro debería de haber un salmista para  cantar los salmos. En cualquier caso, el coro debería cantar al menos la antífona alternándose con la recitación del salmista.

Criterios

Para que el Salmo cumpla su función litúrgica no debe ser reducido a una simple lectura: normalmente debe ser cantado, por lo menos la antífona a manera de estribillo.

Los salmos fueron compuestos para cantarse, se recomienda que se cante en modo responsorial (de respuesta) en caso de leer las estrofas.

No se debe cambiar el Salmo por cualquier canto religioso.

El salmo es una meditación de la Palabra recién escuchada, un volver a pensar en lo mismo, pero en estilo poético y lírico.

Salmodiar es cantar "Palabra Divina." Cuando Dios nos habla, no podemos quedarnos pasivos, acogemos el mensaje y damos una respuesta, por ello todos los participantes deben cantarlo.

Los cantos de meditación no deben usarse para reemplazar el Salmo responsorial. El salmo es una lectura de la misa y forma parte del libro de los Salmos, jamás se escogerá un salmo que no esté en la biblia.

Al salmo no se le introduce nunca, es decir, no se hace monición.

El salmo debe ser entonado por un salmista que debe cantar desde el ambón, el coro acompaña con el estribillo guiando a la asamblea. El salmista forma parte del equipo de lectores o proclamadores pero puede perfectamente subir al altar sólo a proclamar la palabra y reintegrarse al coro una vez concluya. 
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