miércoles, junio 24, 2009

Juan el Bautista, el mensajero de Dios

Juan El Bautista fue el mas grande de los Profetas (Mateo 11:9-11) y fue el mensajero privilegiado que fue enviado para preparar el camino del Mesías de acuerdo a la palabra de Dios.

Hay cuatro textos principales para verificar esto:

  1. “Pues este es aquel de quien hablo el profeta Isaías, cuando dijo: Voz que clama en el desierto, ¡Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas!” (Mateo 3:3).

  2. “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Como está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. Voz que clama en el desierto, ¡Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas!” (Marcos 1:1-3).

  3. “Porque este es de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino delante de ti.” (Mateo 11:10).

  4. “Dijo [Juan El Bautista]: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.” (Juan 1:23).

Claramente, Juan El Bautista fue enviado por Dios para preparar el camino para Jesús como las cuatro citas anteriores lo demuestran. Pero, debemos notar que estas cuatro citas, del Antiguo Testamento vienen de dos fuentes: Isaías y Malaquías.

  • Isaías 40:3, “Voz que clama en el desierto: ¡Preparad un camino al Señor; nivelad una calzada en la estepa a nuestro Dios!”
  • Malaquías 3:1, “Yo envío mi mensajero para que prepare el camino delante de mí. Y vendrá súbitamente a su templo el Señor [Adonai] a quien vosotros buscáis; y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros, ya viene, ha dicho el Señor de los Ejércitos.”

Notemos que de acuerdo a las citas anteriores, Juan El Bautista fue enviado para preparar el camino para el Señor. Isaías 40:3 dice que Juan prepara el camino para el Señor. En Malaquías 3:1, es Dios quien dice que “prepare el camino delante de mi.” El cumplimiento de estos versículos se encuentra en la llegada de Jesús.

Referencias
El nacimiento de Juan Bautista
Isabel, la prima de la Virgen María estaba casada con Zacarías, quien era sacerdote, servía a Dios en el templo y esperaba la llegada del Mesías que Dios había prometido a Abraham. No habían tenido hijos, pero no se cansaban de pedírselo al Señor. Vivían de acuerdo con la ley de Dios.

Un día, un ángel del Señor se le apareció a Zacarías, quien se sobresaltó y se llenó de miedo. El Árcangel Gabriel le anunció que iban a tener un hijo muy especial, pero Zacarías dudó y le preguntó que cómo sería posible esto si él e Isabel ya eran viejos. Entonces el ángel le contestó que, por haber dudado, se quedaría mudo hasta que todo esto sucediera. Y así fue.

La Virgen María, al enterarse de la noticia del embarazo de Isabel, fue a visitarla. Y en el momento en que Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó de júbilo en su vientre. Éste es uno de los muchos gestos de delicadeza, de servicio y de amor que tiene la Virgen María para con los demás. Antes de pensar en ella misma, también embarazada, pensó en ir a ayudar a su prima Isabel.

El ángel había encargado a Zacarías ponerle por nombre Juan. Con el nacimiento de Juan, Zacarías recupera su voz y lo primero que dice es: "Bendito el Señor, Dios de Israel".

Juan creció muy cerca de Dios. Cuando llegó el momento, anunció la venida del Salvador, predicando el arrepentimiento y la conversión y bautizando en el río Jordán.

La predicación de Juan Bautista
Juan Bautista es el Precursor, es decir, el enviado por Dios para prepararle el camino al Salvador. Por lo tanto, es el último profeta, con la misión de anunciar la llegada inmediata del Salvador.

Juan iba vestido de pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Venían hacia él los habitantes de Jerusalén y Judea y los de la región del Jordán. Juan bautizaba en el río Jordán y la gente se arrepentía de sus pecados. Predicaba que los hombres tenían que cambiar su modo de vivir para poder entrar en el Reino que ya estaba cercano. El primer mensaje que daba Juan Bautista era el de reconocer los pecados, pues, para lograr un cambio, hay que reconocer las fallas. El segundo mensaje era el de cambiar la manera de vivir, esto es, el de hacer un esfuerzo constante para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Esto serviría de preparación para la venida del Salvador. En suma, predicó a los hombres el arrepentimiento de los pecados y la conversión de vida.

Juan reconoció a Jesús al pedirle Él que lo bautizara en el Jordán. En ese momento se abrieron los cielos y se escuchó la voz del Padre que decía: "Éste es mi Hijo amado...". Juan dio testimonio de esto diciendo: "Éste es el Cordero de Dios...". Reconoció siempre la grandeza de Jesús, del que dijo no ser digno de desatarle las correas de sus sandalias, al proclamar que él debía disminuir y Jesús crecer porque el que viene de arriba está sobre todos.

Fue testigo de la verdad hasta su muerte. Murió por amor a ella. Herodías, la mujer ilegítima de Herodes, pues era en realidad la mujer de su hermano, no quería a Juan el Bautista y deseaba matarlo, ya que Juan repetía a Herodes: "No te es lícito tenerla". La hija de Herodías, en el día de cumpleaños de Herodes, bailó y agradó tanto a su padre que éste juró darle lo que pidiese. Ella, aconsejada por su madre, le pidió la cabeza de Juan el Bautista. Herodes se entristeció, pero, por el juramento hecho, mandó que le cortaran la cabeza de JuanBautista que estaba en la cárcel.

¿Qué nos enseña la vida de Juan Bautista?
Nos enseña a cumplir con nuestra misión que adquirimos el día de nuestro bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su palabra; transmitir esta verdad a quien no la tiene, por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida; a ser piedras vivas de la Iglesia, así como era el Papa Juan Pablo II.

Nos enseña a reconocer a Jesús como lo más importante y como la verdad que debemos seguir. Nosotros lo podemos recibir en la Eucaristía todos los días.

Nos hace ver la importancia del arrepentimiento de los pecados y cómo debemos acudir con frecuencia al sacramento de la confesión.

Podemos atender la llamada de Juan Bautista reconociendo nuestros pecados, cambiando de manera de vivir y recibiendo a Jesús en la Eucaristía.

El examen de conciencia diario ayuda a la conversión, ya que con éste estamos revisando nuestro comportamiento ante Dios y ante los demás.

cFuente: catholic.net y arm.org
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